Empoderar o Silenciar

Hace unas semanas asistí a una ponencia sobre una guía  para prevenir el bullying (otra más del montón), un folleto pequeño, con bonito diseño para escribir paso a paso con los estudiantes y que puedan expresarse anónimamente, en silencio, por escrito las eventuales o pasadas situaciones en que ellos o sus compañeros fueran víctimas de bullying. Me pregunté por qué hacerlo así, de hecho le pregunté a la ponente, una psicopedagoga, ¿por qué hacerlo por escrito?

Su respuesta no me satisfizo, ella indicó que “los chicos tienen miedo de hablar” por lo cual es mejor darles una vía de expresión aunque sea anónima. Su respuesta no me agradó porque la sentí como una naturalización del miedo, como que el bullying, la falta de confianza y el anonimato son parte del status quo de la vida escolar, y, es ya bastante innovador el contar con una guía como se cuenta con las guías para trabajar la educación en valores, el respeto, la solidaridad, la honestidad, o las guías de educación cívica.

Evidentemente no comparto la idea de que publicando y repartiendo guías en escuelas y colegios, como si se tratara de libros para ejercitar el lenguaje o las matemáticas, se va a combatir el bullying. En primer lugar, por las características del bullying – abuso de poder, continuidad de la agresividad, intención de dañar- y en segundo lugar por los fines de la educación en la actualidad. A mi parecer, el bullying, implica la unión de dos “leyes” que deben ser “neutralizadas” por los docentes, las autoridades escolares y los padres de familia, estas son la ley del silencio y la ley del más fuerte;  entiendo también que la educación tiene el propósito de formar un sujeto ciudadano acorde a la sociedad actual, un sujeto que al salir de la escuela se inserte en esta sociedad, pero es una sociedad que no es perfecta y queremos cambiarla.

Motivada por las famosas guías de prevención, deseo centrarme en “la ley del silencio”, en el anonimato y la importancia de trabajar estas cuestiones pertenecientes a la subjetividad de los estudiantes. La ley del silencio solo se anula cuando uno pierde el miedo a hablar, a expresarse, a comunicarse asertivamente. No es cuestión únicamente abocada a la prevención del bullying o de algún tipo de violencia, la necesidad de que los chicos y chicas aprendan a hablar, que sientan la confianza en si mismos para sobrellevar cualquier situación que les afecte emocional y/ o físicamente es de vital importancia para su seguridad, para su salud, para su desarrollo personal como individuos responsables miembros de una sociedad en conflicto.

La disciplina del anonimato es una forma de evidenciar la violencia estructural en la que se desarrollan los estudiantes, el anonimato permite que la ley del más fuerte se imponga, el más fuerte que provoca miedo, el sometimiento al poder, a un sujeto, a una institución; la única forma de transmitir un mensaje, una idea, un sentimiento serán sin poner un nombre, sin identidad, sin hacer cargo de lo que uno dice. La paradoja es obvia, en la escuela  “se enseñan derechos”, se desarrollan identidades, se forman sujetos; la libertad de expresión es de las libertades más cuestionadas y defendidas en la sociedad actual,  los daños causados por acciones o por palabras sin que alguien se responsabilice o se haga cargo no paran; pero también en la escuela se aprende a guardar silencio ante una falta, a denunciar y pedir ayuda ante una agresión de cualquier tipo por escrito, dejando de lado cuánto tiempo pasará para que lean este llamado de auxilio, identifiquen quién necesita ayuda y quien es responsable por la violencia ejercida.

Nuevamente reflexiono sobre la violencia estructural y el rol de los adultos en la transmisión de esta cultura de violencia como en la opinión previamente posteada, Mermelada de Cereza, esta reflexión me lleva a otra pregunta y conclusión a la vez, me parece que empoderar es una mala palabra para los adultos, para los docentes, para el “lugar de autoridad”.

¿Empoderar o Debilitar? ¿Qué buscan las guías y programas de promoción de habilidades para la vida o habilidades sociales? Que tanto hablan de prevención si no están dispuestos a empoderar los chicos, sí, a E M P O D E R A R, no a debilitarlos, que se escuchen sus voces, que se expresen como ellos desean a través del arte, de la música, escribiendo, hablando pero todo de frente, las ideas, los temores, las ilusiones, las inquietudes haciendo frente a… campañas de prevención y guías de intervención. Las manifestaciones silenciosas empáticas, solidarias, no son lo mismo que el anonimato, el no hacerse cargo de lo que uno piensa, dice, hace.

¿Qué sujeto debe formar la escuela, el ciudadano temeroso e irrespetuoso a las reglas de convivencia, o el ciudadano empoderado y promotor de las mismas reglas? ¿Por qué no enseñar a hablar, participar, escuchar, y compartir los afectos? Me opongo al silenciamiento de los estudiantes, propongo empoderarlos, me opongo a guías y programas que no permiten salirse de los márgenes, propongo a cambio enseñarles amor, empatía, y respeto.

“Love changes everything, so fill the world with it” – Kid President

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Hace 8 años que investigo sobre violencia y convivencia escolar, he escrito dos tesis, la primera titulada "Los códigos de convivencia: una herramienta para la educación con enfoque de derechos"; la segunda titula "El bullying en la política educativa. Un estudio  de la normativa en América Latina" y se encuentra en evaluación. Investigo, escribo y opino sobre derechos de la niñez y adolescencia, políticas educativas, disciplina, convivencia y violencia escolar.

One thought on “Empoderar o Silenciar

  1. Apoyar al agredido o a los agredidos a manifestar lo que sienten, empezando por el miedo a la misma posibilidad de ser nuevamente maltratados, por no dejarse manipular o aplastar, despersonalizar. No dejarlos ni dejarse ser cautivos de estados de ansiedad. De ser proclives a conductas de riesgo. A llenarse de resentimientos, sentimientos de rencor y venganza.
    No silenciar. El poder crear lazos que sirvan para crear comunidades en que los individuos sean capaces de aportar en la consolidación de sociedades más justas y solidarias. No dejarse manipular por los poderes facticos. Permitir a los seres crear individuos y sociedades felices.

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