¿Capacidad para Amar o Capacidad para Educar?

“Si en general cada pueblo tiene un principio, las partes que lo componen, esto es, las familias, también lo tendrán. Consecuentemente, las leyes de la educación serán diferentes en cada especie de gobierno; en las monarquías tendrán como objeto el honor, en las repúblicas, la virtud, y en el despotismo, el temor.”

Montesquieu

Hay momentos en la vida en que se unen el cielo con la tierra, hay momentos en que se unen el infierno con la tierra, o momentos en que están todos juntos, revueltos y poniendo nuestras almas en un hilo. Estas últimas semanas, estos últimos días nos encontramos, me parece, en esa confusa revuelta. Duele la humanidad con tanta desgracia, duele la humanidad con la masacre, la guerra, la muerte, la impotencia se multiplica. Son momentos en que el alma no se sobrepone al impacto de la muerte de niños en la Franja de Gaza y al instante siguiente desaparece un avión; momentos en que los gobiernos nos tienen en “pindingas” con sus decisiones económicas, cambios en políticas monetarias y consecuente creciente conflictividad social.

No estoy viviendo en Ecuador, soy una estudiante – migrante, pero estoy pendiente de todo lo que pasa y me mantengo informada de la actualidad del contexto político y social de nuestro país, no solo porque lo extraño sino también porque las políticas y el programa de gobierno de Correa causan mucho interés, especialmente en el área de educación que es lo que estoy estudiando en Buenos Aires.

Confieso que tengo mucho por aprender, ignoro muchas cosas de las ciencias sociales, de la economía y de la econometría, de la pedagogía también por supuesto, pero aquí estoy, aprendiendo. Como hoy toda reflexión me atraviesa por la educación y ante tanto debate, tantas peleas y señalamientos de pro gobierno, en contra del gobierno, inocentes, víctimas, héroes y villanos, decidí atreverme a compartir ciertas reflexiones e inquietudes que seguramente no compartirán, pero ahí van.

1. La Capacidad para Amar

Voy a partir de la gracia de la semana en Ecuador, eso que nos motivó a bromear, que desató la sal y chispa “quiteñas”: la capacidad para amar. Es extraño por así decirlo, que la misma semana en que se expulsa del país a “los gringos” que colaboraron con la Fundación Pachamama, la Secretaría del Buen Vivir en un intento de hacer algo más bizarro que su propia existencia nos venga con su nueva atribución, “la capacidad para amar”. ¿Estamos de acuerdo en que lo sucedido con los gringos no fue una muestra de amor al prójimo?

Dejando de lado las obviedades y las bromas, tengo una gran pregunta ¿en qué imaginario nos pretende inscribir el actual gobierno cuando por un lado se “preocupa” por nuestra felicidad, por el amor, el romance; mientras que por otro lado hace reformas impositivas, procura la aprobación relámpago de un código monetario, y dispone de las utilidades correspondientes a los trabajadores en una misma semana? En lo efímero y subjetivo que es el tema de la capacidad para amar, y el hecho mismo de amar, lo demás es objetivo, certero y desconcertante. El objetivo es el bolsillo del ciudadano, no hay duda de que el gobierno desea apropiarse de una mayor proporción de los ingresos de los ciudadanos, y definitivamente el no saber a qué atenerse porque cada semana hay algo nuevo en temas económicos y, se vislumbra una inestabilidad financiera que nos llena de temor.

Esto aparenta ser un chantaje emocional, justificado en el amor y en la búsqueda de bienestar para los ecuatorianos, un poco de amor rudo, “me preocupo por tus sentimientos, por eso bebe hasta embrutecerte, ya se puede beber los domingos y bajarán los precios de los licores “- ¡salud! -¿son nuestros gobernantes capaces de amarnos tal y como somos? ¿O nos aman siempre y cuando nuestra voluntad se encuentre viciada? El asunto es, que no logró encuadrar todo lo acontecido en esta semana con ese norte que es el Plan Nacional del Buen Vivir que se supone es el destino que nuestro “padre Estado” ha diseñado para nosotros, sus “hijos”; no sé si el gobierno quiere aceptarnos como consumidores de productos de calidad, usuarios de servicios de calidad sin importarnos de donde provengan, esto es de instituciones públicas, privadas o desde el extranjero en una caja, la cajita feliz de nuestra conveniencia.

Mientras reflexiono sobre el amor en tiempos de buen vivir, surge otra interrogante: la capacidad para educar, la cual desarrollo a continuación.

2. La Capacidad para Educar

Argumentos van, argumentos vienen, qué no se ha leído en redes sociales y en “periódicos virtuales”, todo es válido para desacreditar a los partidarios del gobierno, a quienes votamos por Correa y Alianza País, no tengo intención de debatir sobre errores y aciertos del gobierno, ni del rol de una verdadera oposición en una democracia; sin embargo, creo que somos quienes apoyamos y votamos por el proyecto político de Correa y AP quienes somos los primeros llamados a cuestionar y  exigir que se cumpla con las políticas por las  cuales lo elegimos, claramente ha hecho y dispuesto lo contrario.

Entre los argumentos opositores, leí un post que decía “es que en Ecuador hubo menos inscripción escolar en 2013 que en 2007” seguido de un cuadro tomado del Banco Mundial, y sin mayor desarrollo o cuestionamiento sobre el tema de la matrícula (yo sí me pregunté muchas cosas, busque todos los cuadritos, cifras y estadísticas para leerlo totalmente, edad, repitencia, índice de población en edad escolar, porque insisto, eso es lo que yo estudio ahora en el posgrado); un argumento a medias, ideas al aire para decir “debes estar en contra de”, pero que no convencen;  la educación en estos enfrentamientos y creciente conflictividad social se ubica en otro debate: las escuelas del milenio, los fondos de reserva de los maestros, y las reformas curriculares.

¿Es este gobierno capaz de educar a los ecuatorianos? ¿Es Correa capaz de educar? Si hay algo que he aprendido de la vida y la maestría, es que uno puede no saber de educación, puede no tener “título” o formación docente, y en ese sentido habremos muchos anormales en el mundo; sin embargo uno tiene la capacidad para enseñar, instruir, educar a otro.

Desde siempre, bueno, desde que Rafael inició con las sabatinas, me llamó la atención que la mayoría de estas y últimamente con mayor frecuencia toman lugar en escuelas, colegios, universidades. ¿Seré yo la única persona que se pregunta sobre el mensaje, la presencia, el simbolismo de Rafael dando “discursos” desde las instituciones educativas? ¿Es lo mismo “rendir cuentas” en la plaza, el mercado o un coliseo que en una escuela? No, no es lo mismo; es el poder en la escuela, es la asimetría entre el Estado y la escuela, entre el padre y el hijo,  no son alianzas, son imposiciones; dice “la educación nos importa” pero la violencia en la escuela no; mientras que las sabatinas incluyen: burlas, insultos, humillaciones, gritos (sin importar a quien sean estos dirigidos), la educación pacífica, democrática y sin violencia no importa.

¿Cómo éramos los ecuatorianos antes de Correa, y cómo lo somos ahora? ¿Cómo era el político promedio ecuatoriano antes de Correa y cómo es ahora? ¿Cómo eran los estudiantes antes de Correa y cómo son los estudiantes ahora? ¿Cuáles son las estrategias, buenas y malas, y el trato entre la gente? Puedo desarrollar más preguntas, la idea es aquí no me preocupo por los textos, por lo que está escrito, sino por lo dicho y actuado, por aquello que se externaliza desde los funcionarios públicos y no por las cosas bonitas que dice en la Constitución, por ejemplo; la idea es reflexionar desde la realidad propia, la introspección y no el borreguismo hacia el opositor, ni el fanatismo hacia el poder. ¿Qué hemos aprendido? ¿Qué queremos aprender? ¿Qué queremos desaprender?

La última pregunta es lo que debemos responder para encontrar el camino y futuro de nuestro país ¿que será honor, virtud o temor? O seremos 15 millones de personas educadas para amar al otro, al distinto, al par, con las diferencias, similitudes y conflictos propios de la humanidad.

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