A los oídos sordos

Tengo tanto que decir que no se por donde empezar; quiero escribir para quienes no quieren escuchar, ojalá que me lean quienes piensan que marchar en contra de una ley que busca proteger a los niños y adolescentes en este país está bien.

Me preocupa seriamente los fanáticos, los padres de oídos sordos, me preocupan los hijos de esos padres. Me da lastima la gente que piensa que si no tienes hijos no puedes opinar sobre la niñez y adolescencia, que por cierto, están muy equivocados.

No deseo ofenderlos, pero creo que ustedes los padres que promueven sus dogmas en contra del “Proyecto de Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia de Género Contra las Mujeres” son bastante ingenuos. Piensan que salir a las calles para que la Asamblea Nacional no sancione una ley hará que sus hijos vivan en un mundo de fantasía donde solo existen las palabras y “creencias” de sus padres. Además ustedes son muy egoístas, piensan solo en sus hijos, que viven en ciudades, zonas urbanas, que no asisten a instituciones educativas públicas, que no tienen que viajar por más de 3 horas para asistir a la escuela.

Viven en su burbuja por lo tanto consideran atentatorio un proyecto de ley que crea el marco normativo para que niños y adolescentes no sufran de abusos, violaciones, grooming; para que no sean víctimas de adultos o de sus pares en la búsqueda de su identidad sexual, entre tantos otros escenarios de agresión y peligro que acechan a la niñez y adolescencia en la actualidad.

Pensemos en el escenario de que ustedes ganan, de que volvemos al oscurantismo, que la Asamblea Nacional elimina toda alusión al género, a la identidad, a la educación sexual en las escuelas. Todavía existe algo llamado internet, y lo primero que van a buscar sus hijos son las respuestas que ustedes les niegan, y en lugar de que se hable de sexualidad en un ambiente de contención y tolerancia, ustedes han lanzado a sus hijos a encontrar respuestas en la vorágine de la Red, donde abunda la pornografía, los abusadores disfrazados de “amigos virtuales”, los captadores para redes de trata, encontrando respuestas a las inquietudes que no serán solventadas en un marco de “valores familiares”, enfermedades que no serán prevenidas o embarazos adolescentes que se producirán porque unos padres prefirieron ser ciegos, sordos y mudos.

Si ustedes me leen, es porque utilizan un dispositivo electrónico, celular, tableta o computadora, si me leen es porque utilizan una red social. Sus hijos – los chicos – también lo hacen o lo harán, en esta era donde se fusionan la educación y la tecnología es imposible que no lo hagan, en efecto, hasta son mejores y más veloces que ustedes al utilizarla. Seamos sinceros, que la educación sexual, la identidad de género, el acceso y uso de métodos anticonceptivos sean un tabú en el año 2017 es dramático.

La libertad de profesar la religión está garantizada por la Constitución Ecuatoriana, y quienes cuestionamos la postura y panfletos, la desinformación proporcionada por aquellos que promueven el “con mis hijos no te metas”, no les pedimos que dejen de ser creyentes, católicos, ni heterosexuales, monógamos, la fe no es el problema. El problema es que solo se enternezcan e indignen cuando quienes son víctimas de abuso sexual tienen menos de 10 años; el problema es que no les interese que chicos de 13, 14, 15 o más años, adolescentes que están construyendo su identidad y necesitan hablar sobre lo que ocurre con su cuerpo, que tal vez se sienten confundidos sobre su orientación sexual acudan a internet; sean abusados sexualmente por agresores que se hacen pasar por seres comprensivos que no les juzgarán como sus padres, por las adolescentes que se convertirán en madres a temprana edad aunque no lo deseaban.

La dignidad humana, la integridad de la persona, la vida de un ciudadano en un país democrático y de derechos no puede ser vulnerada para satisfacer la libertad religiosa de otro. Es absurdo confundir la religión con la prevención, las creencias son respetables, pero rezar un padre nuestro no evita el contagio de enfermedades, y una cadena de oración no hará menos dolorosa una violación. La fe y la espiritualidad deben tener su espacio en la vida de los individuos, sin embargo, no pueden ni deben tomar el espacio de la política pública ni de la ciencia.

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