Las preguntas que hacemos, los lugares que habitamos.

La curiosidad y el pensamiento crítico son mis fortalezas, el overthinking una debilidad. Hace años uso las redes sociales, en especial twitter, como un desfogue para esas ideas y preguntas que aparecen en mi cabeza, cuando estoy muy estimulada por una lectura, una clase o alguna experiencia en el ejercicio docente, para escribir de lo cotidiano y sobre mis pasiones. Ahí, en esa aldea virtual que es twitter he encontrado gente a fin a la política educativa, la investigación educativa, los derechos de la niñez y adolescencia y tantas cosas más.

Las redes sociales son ese lugar virtual que habitamos y donde convivimos con extraños, conocidos, amigos y familia, somos nosotros los usuarios quienes damos atención, viralizamos, cancelamos o callamos ciertos temas. Nos comunicamos directamente con empresas y autoridades públicas, a veces con el dueño del circo y otras tantas con el community manager. Somos ciudadanos digitales en mundos virtuales, a veces coincidimos en tiempo y espacio, otras tantas, nos leemos a destiempo.

No sé si soy la mejor o una buena ciudadana digital, a veces me olvido de la netiqueta y utilizo más mayúsculas de lo que debería y no siempre entro saludando a redes y foros. Mezclo la informalidad y las solemnidades en el trato y tuteo a todos. Ser reflexiva funciona a veces bien y a veces mal, bien cuando me detengo y no escribo opiniones desinformadas o nada amables; mal cuando me autocensuro y dejo de hacer aportes a los debates de actualidad porque temo a los trolls.

La pandemia llegó en un momento de hartazgo de las pantallas y las redes, entonces no pude desconectarme más para estar más presente y conectada en el mundo real, desconectarse era aislarse completamente, cerrar los ojos a lo que está sucediendo, dejar de empatizar con individuos que a millones de kilómetros sentían la misma fatiga, dolor, temor, estrés y ansiedad ante una cuarentena y una pandemia interminables. Hoy, casi dos años después, reflexiono en si fue bueno o malo quedarme.

Generalmente me fascina hacer preguntas, prefiero preguntar a gente que a google, me interesan las interacciones que se dan y las posibilidades que se generan a través de una pregunta. Tal vez es por eso que me enganché del “¿Qué está pasando?” que tenía twitter hace unos años. Hay preguntas que me desagrada hasta leer: “precio?” así de seco y falto de cordialidad cuando posteas algo para la venta, es más común ver esas interacciones en instagram. También hay preguntas ofensivas o con intención de humillar, de esas no daré ejemplos aquí.

Sin duda la pandemia ha habilitado conversaciones antes inimaginadas entre diversos actores, sobre varias aristas de la educación. En lo personal, he disfrutado de la nueva plataforma de twitter, los spaces, estos espacios para conversaciones en vivo, a viva voz. He tenido la oportunidad de conversar y preguntar, preguntar mucho, pero también de escuchar diferentes posturas y usuarios de la red en Ecuador y en otros países de la región.

Quiero cerrar este año con un profundo agradecimiento a todos quienes participaron en los twitterspaces de educación, a los hablantes o ponentes y a los oyentes. Los debates y los aportes que se generaron en twitter sobre educación, el regreso a clases, los impactos de la pandemia, las reformas normativas entre otros temas de política educativa. Agradezco por las invitaciones a las entrevistas en otros espacios y plataformas, que sumando a los #eduspaces son lugares dónde poco a poco se van formando nuevas comunidades digitales con un interés en común: la educación.

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