“Debe dictarse una materia…”

Una materia donde se les enseñe ética, porque es la única manera de evitar la corrupción en esta sociedad. Una materia donde se les enseñe a respetar a sus mayores. Una materia donde se les enseñe a no ser violentos o xenófobos. Pero es que si se trata de violencia deberían tener una clase de mediación y resolución de conflictos, no mejor que aprendan defensa personal, eso como recibir y otorgar golpes… etc. Y así, cada problema social se cree que debe ser parte de una cátedra específica en la formación básica.

La visión de que una maestra o profesor a cargo de una clase donde dicte valores salvará a la sociedad y el mundo del mañana es una idea que caducó hace mucho tiempo. El currículo no es una pastilla que cura todos los males y no se pueden insertar materias con cada escándalo social, esto debido a que hay cuestiones que son transversales a la formación y de tal importancia que están presentes desde el nivel inicial hasta el último nivel de la secundaria. Pensando en la formación de mejores seres humanos y la disminución de los conflictos sociales, la transversalidad consiste en que todas las materias, las actividades, los proyectos, las actividades extraescolares tengan un trasfondo de formación en valores y habilidades sociales y que este enfoque se mantenga presente durante toda la trayectoria escolar.

Hace exactamente 8 años estaba defendiendo mi tesina de licenciatura sobre los códigos de convivencia como una herramienta para la educación con enfoque de derechos, donde indagaba una herramienta pedagógica que tienen las instituciones educativas para trabajar varios temas: participación estudiantil, la enseñanza – aprendizaje de los derechos humanos y concretamente de la niñez y adolescencia; una herramienta para promover valores y cohesión social a través de ejercicios democráticos dentro de la escuela y por supuesto, para desarrollar las habilidades del siglo XXI o “soft skills” en los estudiantes, todo esto a través de los acuerdos o códigos de convivencia escolar. En lado opuesto a esta visión, por así decirlo, se encuentra la medida implementada por la administración de Fander Falconí que hizo obligatoria la asignatura “desarrollo humano integral” en todas las instituciones educativas a partir del año lectivo 2018-2019.

“Desarrollo Humano Integral” la nueva asignatura para el año lectivo 2018-2019.

El Acuerdo Ministerial Nro. MINEDUC-MINEDUC-2018-00089-A emitido el 18 de septiembre de 2018 incluye en el currículo vigente desde el 2016, la asignatura “desarrollo humano integral”, esta debe cursarse semanalmente en una hora pedagógica en el nivel de educación general básica

  • es una asignatura obligatoria para todas las instituciones educativas fiscales, fiscomisionales y particulares;
  • no tiene calificación (no forma parte de la evaluación sumativa ni consta en el reporte de calificaciones);
  • el docente debe presentar quimestralmente una autoevaluación de los estudiantes sobre su proceso de “desarrollo humano integral”;
  • la asistencia de los estudiantes es obligatoria;
  • busca promover la participación, la reflexión y el análisis crítico de aspectos relacionados con diversos problemas psicosociales que afectan a la comunidad educativa;
  • la asignatura es responsabilidad de un solo docente (el tutor del curso) y es parte de su carga horaria docente;
  • los docentes deben seguir los lineamientos del Ministerio de Educación a través de la “Guía de Desarrollo Humano Integral dirigida a docentes para la implementación de habilidades para la vida en el Sistema Nacional de Educación”.

En el mismo acuerdo se ordena a las Subsecretarías de Fundamentos Pedagógicos y de Innovación y Buen Vivir desarrollar la guía antes mencionada. El propósito de este documento es prescribir cómo se implementa las habilidades para la vida en el sistema educativo ecuatoriano, por lo cual los docentes estarán obligados a seguir estos lineamientos.

NO debe dictarse una materia.

La medida contenida en el acuerdo ministerial analizado, sigue minando el liderazgo pedagógico tan necesario en el sistema educativo ecuatoriano. En lugar de promover espacios para la innovación de las instituciones educativas, la colaboración entre pares (tanto docentes como estudiantes), una verdadera entrada de las TIC, la formación de una ciudadanía digital y competencias para la inserción en una sociedad y mercado laboral acordes a la cuarta revolución industrial; la decisión del ex-ministro Fander Falconí coarta la creatividad; y, responsabiliza únicamente a un docente en lugar de considerar toda la trayectoria escolar y toda la comunidad educativa (con esto los esfuerzos de varios maestros, directivos y personal de apoyo además de la familia).

Si hablamos de convivencia escolar, hablamos de la responsabilidad de cada miembro de la comunidad educativa en el clima escolar. Si hablamos de desarrollo de habilidades ya sea bajo el enfoque knowmadico, el marco para la competencia global de la OCDE, o el enfoque integral o de “todo niño” de la ASCD, hablamos de lo mismo, todos estamos involucrados en la formación del estudiante, esto se conoce como una visión holística o integral de la educación.

Es conocido el proverbio africano que dice “se necesita una tribu para educar un niño”, un proverbio que se refiere al esfuerzo de varias personas, a la transmisión de la cultura y de los valores. La prevención de la violencia requiere cambios profundos en varias estructuras sociales y no depende únicamente del sector educativo. Criar y formar buenos ciudadanos para insertarse en la sociedad no depende únicamente de la escuela, ni de la familia; por lo tanto, tampoco puede depender de una asignatura “dictada” por 45 minutos a la semana.

Los problemas sociales y las falencias metodológicas y estructurales en la educación ecuatoriana no serán resueltos de la noche a la mañana y mucho menos bajo la modalidad de una asignatura obligatoria con una única visión de “desarrollo humano” que no necesariamente refleja la preparación del docente, o el aprendizaje de los estudiantes. Es momento de revisar y fortalecer la formación universitaria de los docentes así como los temas que atraviesan o debieran atravesar el currículo ecuatoriano.

El asombro

Sorprenderse, maravillarse, emocionarse, motivarse, varios sentimientos que pueden disparar un evento o situación fuera de la rutina; todo esto en el sentido positivo que puede traer un gesto inesperado. Lo inesperado también puede traer malestar, tensión, conflicto, ansiedad. Algo fuera de la rutina y que desequilibra puede causar tanta angustia.

La violencia escolar en todos sus tipos se normaliza y deja de causar asombro en las comunidades educativas, la posibilidad de ser atacados sorpresivamente es una realidad y parte de protocolos de prevención de violencia así como de simulaciones de evacuaciones de emergencia.

Parece que no puede haber algo más trágico que la tragedia en sí misma, tras 20 años de ataques armados y cientos de estudiantes y docentes muertos dentro de instituciones educativas, el más reciente en Santa Fe, Texas. hace unos días; ya no asombra ni causa alarma a algunos estudiantes la posibilidad de perder la vida un día cualquiera en el que acuden a clases.

La normalización de la violencia me parece algo tráfico, el perder la capacidad de asombro es algo trágico, el hecho de que ya no conmueva una noticia donde estudiantes en edad escolar, iniciando o terminando el ciclo educativo, han muerto víctimas de un estudiante es trágico.

Después de la matanza en Springfield, Oregón, el escritor de teatro William Mastrosimone montó una obra con el fin de prevenir la violencia escolar, su obra “Bang Bang, you’re dead” fue tan provocativa y causó tanto revuelo que hasta hicieron una película de ella. Se trata de diálogos entre el atacante y los estudiantes que murieron.  A ésta le han sucedido libros, series de TV y netflix, películas donde se trata el tema de la violencia escolar, el bullying, el cyberbullying y el abuso sexual; en su mayoría estas historias se tratan desde el suicidio de la víctima y los motivos e involucrados en su muerte.

Ahora me pregunto si realmente estamos trabajando con este material y sus provocaciones para discutir la muerte temprana y violenta de estudiantes y docentes en instituciones educativas. ¿Por qué matar o por qué morir en la escuela?¿Por qué en la escuela? ¿por qué a estudiantes? ¿por qué a maestros? ¿qué debemos hacer como sociedad y como individuos para detenerlo? ¿cuál es el rol del Estado? 

Considero de suma importancia que no desaparezcan estas preguntas de nuestras discusiones en casa y en la escuela, en las discusiones con adolescentes y adultos, que no deje de asombrarnos la pérdida de una vida,  que nos afecte conocer de un caso de bullying. Más importante aún, pedir ayuda, extender una mano a quien lo necesite y ser más amable con los demás.

 

 

Side notes (1)

Retomar mi investigación sobre el bullying en la política educativa ha sido básicamente releer, corregir, detenerme en ciertas ideas. Un reencuentro con ciertos autores e ideas que me parecieron importantes de plasmar y la necesidad de poner mis palabras e ideas en el papel.

Uno de mis indicadores se trata de si los Estados están obligados a desarrollar lineamientos de políticas, protocolos y guías para la intervención y prevención del acoso escolar. No analizo las guías elaboradas por los Estados que he elegido para el estudio, sin embargo, hace unos días el Ministerio de Educación de Ecuador compartió el Protocolo para Prevención de la Violencia Sexual en el Sistema Educativo. Después de revisar esta ruta me pareció bastante clara y precisa en su objetivo. Entonces dudé. Hace años que leo estas guías, documentos técnicos, asisto a conferencias, este lenguaje es común para mí.

Esta lectura me dejó algunas preguntas: ¿los padres de familia y los docentes a quienes se dirige la guía la entienden? ¿las autoridades escolares, DECES y personal docente realmente la aplican? … un momento … ¿las familias leen las guías? ¿de qué sirve que el Estado cumpla con su función de publicar e informar a los ciudadanos lo que deben hacer en caso de que sus hijos o estudiantes estén involucrados en episodios de violencia, sean víctimas de abuso sexual o bullying, si no se leen estos lineamientos?

Pequeños experimentos sociales:

Voy a la red social y cuenta en la que estoy más activa y hago una encuesta sin meditarlo mucho. Me interesa que el tema tenga la mayor cantidad de respuestas posibles así que amplié a una semana la vigencia de la encuesta. Pensé que recibiría muchas respuestas y que sería compartida porque el tema es de interés general. Hace unas semanas se debatía sobre conflictos entre estudiantes y una pelea con graves consecuencias, seguramente van a contestar muchos usuarios, seguidores o no eso no importa.

Como es usual la realidad choca con las expectativas, recibí a penas 10 votos, seis de estos indicando que no leen las guías. Decepción, desconcierto, desesperanza. Me gustaría evitar toda esta negatividad, pero no es la primera vez que hago encuestas en twitter, he preguntado temas irrelevantes teniendo más respuestas y en menos de una hora.

Me encuentro en una transición a un perfil profesional en twitter, así que intenté preguntar en la “cuenta oficial” donde por el momento tengo menos followers que los dedos de una mano. Todavía no cierro la encuesta y a pesar de los pocos votos la tendencia en donde la mayoría no leen las guías se mantiene. Catorce votos no son motivo para generalizar, pero la respuesta me estremece.

Noticias tristes e interacciones en twitter:

*en el fondo suena Sia –the bully-*

Ayer la prensa ecuatoriana reportaba la muerte de una niña de once años en una escuela de Guayaquil, una víctima más del bullying. No sé qué pudo más si la indignación o la impotencia, fue algo muy feo de leer antes de ir a dormir, esta mañana con algo de objetividad compartí este tweet lo cual trajo un intercambio interesante con una mexicana quien se motivó a compartir su experiencia como víctima de acoso escolar hace 20 años, ella me contaba que hasta hoy recuerda lo que le hicieron sus compañeros y el malestar que le produjo cuando los adultos no le creían, cuando no hacían nada en la escuela para detener esta situación, cada vez que lo recuerda se estremece.

México es uno de mis casos de estudio así que pude informarle que en el Estado donde ella vive hay legislación y lineamientos para prevenir la violencia escolar y ella quedó interesada y agradecida, se comprometió en leer e informarse sobre estos.

En Ecuador, donde hace un par de años la campaña contra el acoso escolar fue el foco de atención, murió una niña después de ser agredida en su escuela. No existe legislación sobre el acoso escolar pero sí existen protocolos para actuar en estos casos. El problema está en que todavía no son visibles, en que no todos los adultos -docentes o padres de familia- diferencian entre agresiones y juegos sin control. La excusa del personal de la escuela es inaceptable, según ellos “era solo un juego” en el cual unos estudiantes ataron las manos y golpearon a una niña.

Para mayor información del caso este enlace y para el pronunciamiento del Ministerio de Educación aquí.

El ahorcado

Siempre me gustó jugar “el ahorcado” como estudiante y como profesora, siempre encontré divertido adivinar una palabra letra por letra. Núnca pensé en este juego como algo violento, hasta ayer.

El ahorcado o “the hangman” consiste en adivinar una palabra letra por letra, usualmente estudiadas previamente al juego. Con cada error se construye una horca, se dibuja un muñeco y finalmente este es ahorcado debido a los errores insalvables de los estudiantes/jugadores. En el internet se encuentran un sin fin de imágenes del juego, también aplicaciones que te permiten jugar en línea. Si bien se puede evitar el ahorcamiento del garabato, el fin del juego sigue siendo el castigo de un inocente por el error ajeno.

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¿Estoy exagerando? No lo sé. En mi actual trabajo donde soy docente de inglés, en los talleres de desarrollo profesional repiten constantemente el deber del docente de “modelar” a sus alumnos. Debemos ser muy expresivos, gesticular mucho y estar muy atentos de nuestro accionar, del ritmo, etc. Disto bastante de la proficiencia en este método, pero lo intento y este intentar significa reflexionar mucho, todo el tiempo sobre lo que se hace en la clase.

El maestro ahorca cuando uno se equivoca, el maestro traza una línea por cada error, si el estudiante se equivoca lo ahorcan. No existe un castigo o reprimenda directa sobre el estudiante. Hay miles de oportunidades de jugar, se ahorca a uno y empieza el juego otra vez, se ahorca a otro garabato y mientras existan tiempo y palabras esto puede continuar.

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Jugar el ahorcado es una sutil forma de decir “la letra con sangre entra”, tal vez no haya agresión física hacia los estudiantes; sin embargo, el sutil mensaje del error – castigo implica la amenaza de un castigo, una sanción en tercera persona, la posibilidad de que por mi irresponsabilidad o ignorancia paguen otros, que la condena no afecte mi libertad o mi integridad.

Nos quejamos de video juegos violentos, nos quejamos de juguetes que simulan armas, los prohibimos. Sin embargo utilizamos un juego de muerte en la enseñanza. Un juego que no se trata de valorar la vida, de promover el respeto hacia esta y hacia todos los seres humanos.

Esta reflexión no pretende responsabilizar a los docentes por la muerte de estudiantes propios o ajenos. No es mi interés acusar a quien busca enseñar a través del juego de negligente o violento. Se bien que un docente no juega al ahorcado con la intención de enseñar a sus estudiantes como quitarse la vida, ni de reprimirlos por desconocer una palabra. En realidad pensé en cómo el juego ayuda a banalizar un drama social como lo es el suicidio, y en la tolerancia de la violencia en el espacio escolar.

¿Jugar o no jugar a “El Ahorcado”? ustedes deciden.

Profundizando en el ahorcamiento

En el año 2012 hubieron más de 5000 suicidios en todo el continente y por diversas causas, uno de los casos que trascendió internacionalmente fue el de Amanda Todd. En este hemisferio la segunda forma más común de cometer un suicidio es mediante el ahorcamiento. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) el suicidio es la tercera causa de muerte en personas entre 10 a 19 años (entre el año 2006 y el año 2013 hubieron más de 70 mil suicidios). La segunda causa más común de muerte en niños y adolescentes en Estados Unidos es el suicidio. Mientras que en Ecuador es la segunda causa de muerte en los adolescentes.

Empoderar o Silenciar

Hace unas semanas asistí a una ponencia sobre una guía  para prevenir el bullying (otra más del montón), un folleto pequeño, con bonito diseño para escribir paso a paso con los estudiantes y que puedan expresarse anónimamente, en silencio, por escrito las eventuales o pasadas situaciones en que ellos o sus compañeros fueran víctimas de bullying. Me pregunté por qué hacerlo así, de hecho le pregunté a la ponente, una psicopedagoga, ¿por qué hacerlo por escrito?

Su respuesta no me satisfizo, ella indicó que “los chicos tienen miedo de hablar” por lo cual es mejor darles una vía de expresión aunque sea anónima. Su respuesta no me agradó porque la sentí como una naturalización del miedo, como que el bullying, la falta de confianza y el anonimato son parte del status quo de la vida escolar, y, es ya bastante innovador el contar con una guía como se cuenta con las guías para trabajar la educación en valores, el respeto, la solidaridad, la honestidad, o las guías de educación cívica.

Evidentemente no comparto la idea de que publicando y repartiendo guías en escuelas y colegios, como si se tratara de libros para ejercitar el lenguaje o las matemáticas, se va a combatir el bullying. En primer lugar, por las características del bullying – abuso de poder, continuidad de la agresividad, intención de dañar- y en segundo lugar por los fines de la educación en la actualidad. A mi parecer, el bullying, implica la unión de dos “leyes” que deben ser “neutralizadas” por los docentes, las autoridades escolares y los padres de familia, estas son la ley del silencio y la ley del más fuerte;  entiendo también que la educación tiene el propósito de formar un sujeto ciudadano acorde a la sociedad actual, un sujeto que al salir de la escuela se inserte en esta sociedad, pero es una sociedad que no es perfecta y queremos cambiarla.

Motivada por las famosas guías de prevención, deseo centrarme en “la ley del silencio”, en el anonimato y la importancia de trabajar estas cuestiones pertenecientes a la subjetividad de los estudiantes. La ley del silencio solo se anula cuando uno pierde el miedo a hablar, a expresarse, a comunicarse asertivamente. No es cuestión únicamente abocada a la prevención del bullying o de algún tipo de violencia, la necesidad de que los chicos y chicas aprendan a hablar, que sientan la confianza en si mismos para sobrellevar cualquier situación que les afecte emocional y/ o físicamente es de vital importancia para su seguridad, para su salud, para su desarrollo personal como individuos responsables miembros de una sociedad en conflicto.

La disciplina del anonimato es una forma de evidenciar la violencia estructural en la que se desarrollan los estudiantes, el anonimato permite que la ley del más fuerte se imponga, el más fuerte que provoca miedo, el sometimiento al poder, a un sujeto, a una institución; la única forma de transmitir un mensaje, una idea, un sentimiento serán sin poner un nombre, sin identidad, sin hacer cargo de lo que uno dice. La paradoja es obvia, en la escuela  “se enseñan derechos”, se desarrollan identidades, se forman sujetos; la libertad de expresión es de las libertades más cuestionadas y defendidas en la sociedad actual,  los daños causados por acciones o por palabras sin que alguien se responsabilice o se haga cargo no paran; pero también en la escuela se aprende a guardar silencio ante una falta, a denunciar y pedir ayuda ante una agresión de cualquier tipo por escrito, dejando de lado cuánto tiempo pasará para que lean este llamado de auxilio, identifiquen quién necesita ayuda y quien es responsable por la violencia ejercida.

Nuevamente reflexiono sobre la violencia estructural y el rol de los adultos en la transmisión de esta cultura de violencia como en la opinión previamente posteada, Mermelada de Cereza, esta reflexión me lleva a otra pregunta y conclusión a la vez, me parece que empoderar es una mala palabra para los adultos, para los docentes, para el “lugar de autoridad”.

¿Empoderar o Debilitar? ¿Qué buscan las guías y programas de promoción de habilidades para la vida o habilidades sociales? Que tanto hablan de prevención si no están dispuestos a empoderar los chicos, sí, a E M P O D E R A R, no a debilitarlos, que se escuchen sus voces, que se expresen como ellos desean a través del arte, de la música, escribiendo, hablando pero todo de frente, las ideas, los temores, las ilusiones, las inquietudes haciendo frente a… campañas de prevención y guías de intervención. Las manifestaciones silenciosas empáticas, solidarias, no son lo mismo que el anonimato, el no hacerse cargo de lo que uno piensa, dice, hace.

¿Qué sujeto debe formar la escuela, el ciudadano temeroso e irrespetuoso a las reglas de convivencia, o el ciudadano empoderado y promotor de las mismas reglas? ¿Por qué no enseñar a hablar, participar, escuchar, y compartir los afectos? Me opongo al silenciamiento de los estudiantes, propongo empoderarlos, me opongo a guías y programas que no permiten salirse de los márgenes, propongo a cambio enseñarles amor, empatía, y respeto.

“Love changes everything, so fill the world with it” – Kid President

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Mermelada de Cereza

A propósito del Día Internacional de la Niña, celebrado el 11 de Octubre , entre mis reflexiones y opiniones varias sobre la protección de la niñez y la violencia, recordé una situación que me impactó, que “me hizo ruido”, algo a lo que en mi infancia no me parecía mal, pues debo admitir que lo jugué como cualquier otra niña, sin embargo ahora (a esta edad casi adulta) en un momento de silencio, en un momento de vigilancia durante una excursión escolar el año pasado mientras trabajaba como docente, escuché a dos niñas de ocho años que cantaban y jugaban con sus manos, ingenuas e inocentes, muy entretenidas, repetían sin parar esta canción:

“Mermelada de cereza,
me invitaron a una fiesta,
un chico me beso*,
yo le dije descarado,
el me dijo mal hablada.
yo le dije a mis padres 
y mis padres me pegaron,
yo le dije a mis tíos  
y mis tíos me dijeron
que cantara esta canción:
alabi alabau alabim bom bao.
El beso fue aqui**”

*En otra versión, cambia la frase me besó por me pegó
** Se señala la mejilla izquierda, los labios, la mejilla derecha, hasta terminar la canción.

Mientras ellas cantaban, yo estaba entre la perplejidad y la catarsis,  intentaba entender lo que pasaba, para mi era claro el mensaje de violencia, y la reprimenda a una denuncia de violencia hacia una niña. Para ellas, era solo un juego, lo repetían sin parar, se divertían más si cantaban más rápido y no se equivocaban al jugar chocando sus manos.

El caso de la canción, en la vida real puede ser el drama de muchas niñas, o de muchos niños, que han sido maltratados, acosados por sus pares, revictimizados por sus padres y/o por sus maestros u otros adultos. Es un juego, tal vez solo un juego, el cual se presta para diversos tipos de análisis teórico científicos que yo no pretendo hacer en este post; mi intención es reflexionar, es abrir los ojos, tal vez cerrarlos para escuchar a profundidad y pensar en donde debemos intervenir y transformar nuestras costumbres para vivir mejor, para el buen vivir, para encontrar paz.

Ayer me desperté y en las noticias en vivo informaban el hallazgo de tres mujeres asesinadas en el Gran Buenos Aires; Malala, la niña víctima de un talibán que se convirtió en la imagen – vocera de la campaña de Educación para Todos de la UNESCO estaba candidata para recibir el premio Nobel de la Paz; mientras que en Ecuador se debatía la penalización al aborto por violación en la Asamblea Nacional.

A lo largo de este año han existido muchos casos de desapariciones y muertes hasta el extremo de las violaciones masivas en la India, historias de mujeres que nos han estremecido, no por lo que llegaron a ser, si no por como terminó su existencia en este mundo. Curiosamente en el mismo espacio donde informan estas tragedias, en espacios de farándula, entretenimiento y/o publicidad se muestran a mujeres adultas, voluptuosas, en situaciones eróticas vestidas como niñas, como estudiantes con uniforme de colegio, con títulos de “la colegiala sexy” u otros.

Entonces retomo la “mermelada de cereza”, si las niñas siguen cantando una y otra vez este tipo de “juegos infantiles” (canción que parece tan inocente  y nada comparable con el contenido de canciones de géneros musicales como el reggaeton) ¿cómo esperamos que al momento de ser víctimas denuncien las situaciones y personas que vulneran sus derechos? Las mujeres, las niñas son programadas para callar, por otro lado a los adultos les venden la idea de que el placer sexual  se encuentra en situaciones infantiles erotizadas.

Leo detenidamente la letra de la canción y me pregunto ¿de que sirven tantos instrumentos jurídicos e instituciones para proteger y restaurar derechos de las personas y grupos vulnerables en general, si es que nosotros mismos apoyamos el ciclo de la violencia? Hay cosas que los abogados y profesionales del derecho no pueden cambiar, no digo que las leyes no sean necesarias, las normas, la reglamentación de la vida en sociedad es esencial para la convivencia humana, pero pensar que son el abogado, el juez, el fiscal, la policía quienes van a eliminar la violencia es creer en cucos.

Inevitablemente surgen más preguntas que respuestas, quienes y como construimos y mantenemos la violencia estructural, que hacer para contrarrestarla, desde que flanco actuar; si yo me decidí por la educación, ¿cómo les explico a las niñas que no deben cantar esa canción? Si soy la única a la que le alarma este juego, con qué legitimidad  no permito jugar la “mermelada de cereza”? (Aquí me veo como solo una adulta enfrentándose al universo de niños, como David y Goliat). ¿A qué jugamos?