Una aproximación al aprendizaje a través del juego

Resumen

El presente artículo muestra algunos rasgos de una tendencia educativa actual: el aprendizaje a través del juego. Entre los temas que se revisan están la definición del aprendizaje a través del juego, la relación entre juego y aprendizaje con sentido, y el desarrollo cognitivo. El artículo exhibe algunos beneficios y dificultades de aplicar esta metodología en la escuela y explica la importancia del docente en la mediación del juego, el contenido y el aprendizaje del alumno. Relaciona la teoría constructivista y sus principales exponentes con el juego y concluye que el aprendizaje a través del juego es una herramienta para la enseñanza poderosa y el aprendizaje significativo.

Palabras Clave: constructivismo, aprendizaje, enseñanza, juego.

Introducción

“El objetivo principal de la educación en las escuelas debe ser la creación de hombres y mujeres que son capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente repetir lo que otras generaciones han hecho; hombres y mujeres que son creativos, inventivos y descubridores, que pueden ser críticos, verificar y no aceptar, todo lo que se les ofrece.”

Jean Piaget

 

¿Podemos jugar? Preguntan los niños apenas llegan al aula, saben que la lección del día empezará en tan solo unos minutos. ¿Pueden jugar los niños dentro del aula? ¿Debe permitir el docente que sus estudiantes jueguen en lugar de sentarse en sus bancas para copiar materia escrita en el pizarrón, escuchar un dictado prolongado, realizar planas de escritura y cientos de ejercicios matemáticos?

La instrucción simultanea que ha guiado la práctica de la enseñanza durante siglos, se opone a aquello que sea distinto en tiempo, lugar, espacio y divulgación de contenidos. La tarea del docente consiste en disciplinar al ser humano, convertir al ser en estado infantil a un ser adulto, a un individuo de capacidades desarrolladas apto para aportar al aparato estatal y de mercado al incorporarse al mundo laboral.

La propuesta de que los niños ejerzan su derecho al juego y a la enseñanza de calidad en un mismo espacio pueden parecer incompatibles con la educación para los conservadores, para las evaluaciones estandarizadas, para quienes desean mantener la metodología de instrucción lasalleana que todo lo ve, lo prevé y lo controla. Pero desde otro punto de vista, bajo otra mirada, las posibilidades de enseñar y aprender jugando son infinitas.

Tonucci

La viñeta de Francesco Tonucci (1989) muestra el encuentro entre la escuela y el niño, entre el alumno y la maestra, entre la imaginación y la instrucción.


El aprendizaje a través del juego se trata de un aprendizaje por descubrimiento guiado por el profesor. Aprender jugando es aprendizaje en acción, es elaborar esquemas a través de la interacción entre pares, el entorno y la motivación interna del estudiante. Es el desarrollo cognitivo que se produce en el alumno al conjugar la instrucción, la transmisión de saberes, la comprensión de dichos contenidos a través de actividades sociales o individuales, mediada por objetos o símbolos.

¿Qué es el aprendizaje a través del juego?

La definición del juego en sí parece no ser compatible con el aprendizaje o de su uso con fines educativos, de acuerdo a la Real Academia Española, se entiende por juego la “acción y efecto de jugar por entretenimiento”; el “ejercicio recreativo o de competición sometido a reglas y en el cual se gana o se pierde”; la “actividad intrascendente o que no ofrece ninguna dificultad”. Similar definición encontramos del verbo jugar, esto es “hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades”; “entretenerse, divertirse tomando parte en uno de los juegos sometidos a reglas, medie o no en él interés”. Las acepciones del juego y el jugar son muchas más, ninguna relacionada con el aprendizaje, pero eso en un diccionario.

Esta definición se encuentra caduca, no refleja lo que ocurre actualmente en el mercado mundial con los juguetes y los materiales didácticos, con el desarrollo de proyectos de robótica en el aula, ni la proliferación de los espacios de hacedores tanto dentro como fuera del espacio escolar.

La noción del juego como una simple diversión, cuestión del patio del recreo que no trasciende al aula no existe más. Actualmente el juego es una herramienta más para el docente en la gestión del aula y la formación de sus estudiantes; es una tendencia mundial estudiada y aplicada por varios maestros, instituciones educativas y programas educativos como el Programa de Escuela Primaria del Bachillerato Internacional o “El Proyecto Cero” de la Universidad de Harvard.

A manera de ejemplo, la corriente de la gamificación relacionada principalmente a los juegos de realidad virtual ya sea a través de consolas de video juegos, teléfonos celulares, computadoras o tabletas; ha tenido gran acogida por probar el desarrollo cognitivo a través de estos juegos, la eficacia en la transmisión de información por medio de imágenes, textos cortos, diálogos, y un sistema de recompensas a modo de autoevaluación y retroalimentación.

Dentro de este mismo rubro, una de las empresas de juguetes más importante del mundo, famosa en todos los países por sus bloques de construcción; hace unos años incursionó en el área de la robótica y de los juguetes creados para enseñar ciencias. Se trata de LEGO y su filial LEGO-Educación. La marca se ha vinculado con las escuelas y colegios desde las clases de ciencias, tecnología y matemáticas con diseños para ser elaborados por los estudiantes en laboratorios, talleres o espacios de hacedores.

El juego, una forma de dar sentido al aprendizaje

En el juego se manifiesta la intuición; la espontaneidad del estudiante en su interacción se trata de un conocimiento que se construye en base a los estímulos que presenta su medio. (Rodríguez Moneo & Carretero, 2015)

El estudiante debe tener el espacio y el tiempo para dar vuelta al conocimiento recibido, creando esquemas y rutinas de pensamiento vinculadas a sus saberes, experimentando, reconstruyendo las ideas abordadas durante la lección, volviendo a estas hasta sentirse cómodo, el juego permite la apropiación del conocimiento adquirido en la clase preparada por el maestro.

“Las personas poseen una tendencia natural a investigar y a realizar acciones en el medio en el que viven y eso les conduce, desde muy temprana edad y con escasa pericia, a la construcción de explicaciones espontáneas que les permiten entender mejor el mundo, darle sentido y actuar en él de forma relativamente adecuada.” (Rodríguez Moneo & Carretero, 2015)

La relación entre el aprendizaje a través del juego y el desarrollo cognitivo

La relación entre juego y desarrollo fue investigada por Vygotsky enfocándose en niños de edad preescolar (Vygotsky, 1933). Estableciendo la importancia de la imaginación para la reproducción de situaciones reales que todavía no han sido asimiladas por el niño, pero que al ser parte de su cotidianidad este juega, imagina, crea, cree ser parte de esas situaciones.

La postura de Vygotsky parte por definir al juego como un proceso cognitivo, específicamente se trata de procesos psicológicos superiores. Además, las reglas son un requisito sine qua non del juego, por ello si se suprime la imaginación y se yuxtapone a la situación real, el niño al conocer las reglas podrá actuar, hablar, pensar de acuerdo al contexto o incentivo real que se presente.

Posteriormente, Vygotsky atribuye al juego la posibilidad de que el niño determine sus propias acciones, empezando por su propio yo; el juego otorga una ilusión de libertad donde sus acciones se subordinan al significado de las cosas (Vygotsky, 1933).

El juego en la escuela responde a que los procesos de escolarización operan como generadores de procesos psicológicos específicos (Baquero, 2015) La interacción entre pares produce una ruptura en el pensamiento que a su vez da paso a la transformación del conocimiento, en consecuencia, los niños se apropian de su cultura, de las reglas sociales en donde habitan.

El juego constituye un disparador para la elaboración de contenidos, reforzar destrezas, y desarrollar el pensamiento creativo. Al jugar los estudiantes se encuentran relajados, desafiados y enganchados (Mardell, Wilson, Ertel, & Baker, 2016).

De acuerdo a Barreiro y Castorina (2015) hay dos cuestiones que posibilitan el desarrollo cognitivo: en primer lugar, “que las diferencias en los conocimientos o puntos de vista de los participantes se manifiesten en la oposición de respuestas entre ellos”. En segundo lugar, “que los niños estén dispuestos a cooperar en la búsqueda de una solución común confrontando sus respuestas” (Barreiro & Castorina, 2015). Este tipo de colaboraciones y conflictos cognitivos se pueden presenciar en los juegos cooperativos y de simulación.

Beneficios del Aprendizaje a través del Juego

Jugar e interactuar otorgan al niño la posibilidad de desarrollar sus habilidades sociales. El juego facilita el aprendizaje a través del entorno en el que se relaciona el niño. La construcción de reglas, el perder turnos, ganar puntos, terminar retos y vencer obstáculos son la puerta para el desarrollo cognitivo y emocional del estudiante.

 “La teoría cognitiva también indica que los estudiantes obtienen beneficios si se les da la oportunidad de demostrar competencia y de trabajar por el aumento de su aprovechamiento, definido mediante criterios compartidos por el maestro, el estudiante y la comunidad” (Anijovitch R. , 2015).

Según los investigadores del Proyecto Cero, la pedagogía del juego se apoya en las capacidades de asombro, diversión y elección de los estudiantes (Mardell, Wilson, Ertel, & Baker, 2016). El pensamiento es promovido constantemente, consecuentemente es imprescindible la presencia del maestro para visibilizar los procesos cognitivos que ocurren en los estudiantes.

“Como fruto de la interacción significativa producida entre el conocimiento preexistente y el nuevo material, se genera una asimilación tal que la estructura de conocimiento resultante difiere tanto del conocimiento previo como del material objeto de aprendizaje” (Rodríguez Moneo & Aparicio, 2015).

La interacción entre pares mediada por el docente es lo que permite la visibilización del pensamiento; los conocimientos son asimilados y profundizados a partir de las ideas previas.

Dificultades del aprendizaje a través del juego

El reto de incorporar el aprendizaje a través del juego en la escuela se encuentra en la toma de decisiones, quienes gestionan las instituciones educativas deben decidir si permiten o no y cómo incorporar el juego en la enseñanza. El principal problema es compatibilizar las necesidades e intereses de los estudiantes, con los intereses de los padres de familia, las exigencias de las autoridades del sistema educativo – currículo, normativa, financiamiento, infraestructura, personal- y las capacidades de los docentes. En palabras de Carretero, “el problema consiste en que existe una enorme distancia entre lo que los alumnos pueden y quieren aprender, y lo que les presenta la institución escolar.” (Carretero, 2015).

A continuación, se enumeran otros obstáculos para la aplicación del aprendizaje a través del juego.

  • El contexto en el que se desarrolla la enseñanza actualmente: presión a los docentes, carga de trabajo, responsabilidades, planificación, evaluación, actualización, programas de fechas cívicas y especiales, reportes de calificaciones. Por otro lado, la exigencia a los estudiantes de ser los mejores para poder incorporarse al mercado laboral.
  • El quehacer docente es ser un todólogo en la escuela y ser un humano fuera de esta.
  • Las tensiones y conflictos laborales hacen que la persona se olvide de lo divertido.
  • Las tensiones cotidianas entre el sujeto que aprende y el sujeto que enseña, por el aburrimiento, el cansancio, contenidos repetitivos, didáctica no participativa.
  • La falta de reconocimiento de las autoridades y otros docentes del trabajo, esfuerzo, recursos, tiempos que requiere este tipo de metodología.

El docente, la piedra angular del aprendizaje a través del juego

Querer jugar, querer crear, querer dar. Tres requisitos básicos de un docente que quiere incorporar el aprendizaje a través del juego.

Transformar el aula y crear el espacio que incentive el juego, no es lo mismo que construir una sala de juegos donde los niños se encuentran bajo supervisión del adulto, pero este no media ni los juegos enseñan o refuerzan conocimientos adquiridos en el aula.

La interacción es clave en este proceso de aprendizaje, como se puede ver en este vídeo de la actividad sobre el sistema métrico. El trabajo de un docente en el espacio creado para jugar debe ser un trabajo a conciencia, con el objetivo de desarrollar a los estudiantes a la vez que se contempla el currículo del nivel a su cargo.

La transposición didáctica va más allá, el docente actúa como un curador de contenidos y materiales para el aula, los recursos y decoraciones que utiliza tanto dentro como fuera del aula son elegidos para estimular a los estudiantes a desarrollar su aprendizaje, apoyarlos para recordar los conocimientos previamente adquiridos. No se trata de entretener a los estudiantes como en sus casas con los juguetes que tienen fuera del ámbito escolar. En el aula cada objeto es un símbolo, cada juego es la puerta de entrada a la adquisición, desarrollo, refuerzo de los conocimientos que prescribe el currículo.

Cabe destacar el concepto de enseñanza poderosa, Maggio (2012) explica que la enseñanza poderosa es la actividad del docente tanto previamente como durante la clase, sus análisis y las decisiones producto de estos, en cuanto se piensa y actúa en el momento – basándose en las necesidades de los estudiantes-, donde todo es mutable mientras se cumpla con el objetivo de aprendizaje; el juego es precisamente una herramienta para alcanzar esa enseñanza poderosa.

“La enseñanza poderosa está formulada en tiempo presente, es un acto de creación por parte del docente. Aquí refiere la planificación de la clase, como aquel conjunto de acciones a llevar a cabo: qué presentaciones, actividades, referencias teóricas, interrogantes críticos, materiales, tipos de análisis, perspectivas se van a utilizar y en qué momento. Estas decisiones no serán estáticas, pero tendrán una base sustantiva que deberá llevarse a cabo para que la clase tenga sentido en relación al objetivo de enseñanza. Este “pensar la clase” debe producirse en tiempo presente, de manera contextualizada, aggiornada, pero en movimiento, provisional.” (Maggio, 2012) citada por (Anijovitch R. , 2015).

Requisitos para incorporar el aprendizaje a través del juego en el aula

El primer requisito es la voluntad del docente para jugar, soltar un poco a sus alumnos, ser flexible en su planificación. Se puede empezar con el planteo de que sirve, si es o no compatible con su metodología, con el currículo, en que materias se debe o puede aplicar esta metodología. La intención de probar lo diferente, atreverse a crear nuevas rutinas para visibilizar el pensamiento de los estudiantes.

Los modos que un profesor utiliza para la construcción guiada del conocimiento durante sus exposiciones en clase, sólo se pueden comprender y evaluar en su contexto.” (Anijovitch R. , 2015).

Un segundo requisito es que la planificación de la clase el visibilizar y reconocer el pensamiento de los estudiantes. Es importante recordar la necesidad de planificar el juego y los recursos o materiales para que los niños jueguen con datos certeros por las ideas intuitivas. Hay que corregir, desarrollar, profundizar el conocimiento del niño en un tema específico de acuerdo al currículo; sin embargo, lo más importante es ver al juego como un lugar para crear con el niño en base a sus motivaciones, interrogantes, gustos, imaginación.

El tercer requisito es la presencia constante del docente, su intervención y diálogo con los alumnos mientras juegan es esencial para guiar el aprendizaje. No es un tiempo libre, es un contexto formativo para que los estudiantes exploren, conozcan, refuercen destrezas, habilidades, contenidos. La relación que se establece entre el docente y el alumno es un vínculo para profundizar y avanzar en el proceso de instrucción. El docente da tiempo y atención a sus estudiantes.

“Estas preguntas poderosas pueden ser utilizadas en forma muy elaborada, pero la versión más sencilla consiste en que el docente le haga al estudiante tres tipos de preguntas sobre un tópico importante: preguntas de exploración, preguntas que hagan conexiones y preguntas que lleven a una conclusión. El objetivo es instar a los estudiantes a formular preguntas y buscar respuestas. El docente facilita el proceso sin ofrecer las preguntas o las respuestas.” (Perkins).

¿Es necesario un proyecto de innovación pedagógica para incorporar la enseñanza a través del juego?

En tiempos en que nos vemos obligados a transfigurar la enseñanza en pos de la “innovación educativa”, considero que la aplicación de la pedagogía del juego en el sistema educativo, no se trata de inventar el agua tibia; en realidad no se trata de innovar, se trata de voluntad. Los recursos están al alcance de la mano, la intuición no es algo que se compra en una papelería, es una habilidad que debe desarrollar el docente guiado por el director escolar o por el maestro de formación docente. La imaginación, la creatividad del niño, son parte de su ser en desarrollo.

Potenciar las capacidades de los individuos y que a su vez exista la motivación para el aprendizaje exigen de la escuela y del maestro el querer dar tiempo, energía, afecto, salir de la zona de confort y del hermetismo, esto no quiere decir que no se dan ocasiones en que la observación y reflexión del docente o del niño producen un silencio en la interacción.

Conclusiones

El aprendizaje a través del juego es una oportunidad de lograr el aprendizaje significativo y el ejercer una enseñanza poderosa para los docentes e instituciones educativas.

El juego invita a replantear las formas y exigencias que utilizamos para diseñar a los nuevos ciudadanos, aquello que tomamos como verdades absolutas que se convierten en rutinas sagradas como único remedio para el éxito escolar.

Ciertamente esta metodología es la concreción del constructivismo en la práctica. La didáctica entonces no se trata de enseñar a jugar, sino de jugar para enseñar, jugar para aprender, jugar para disfrutar la enseñanza.

El proceso madurativo de los estudiantes y el desarrollo cognitivo que se producen al jugar, se fundamentan en la asimilación de reglas morales, sociales, físicas, a través del asombro, la diversión, la elección, y la imaginación de los niños mediadas por el docente.

El rol del docente como facilitador y su voluntad para implementar el aprendizaje a través del juego son imprescindibles para el éxito de la metodología analizada en este artículo. Crear un juego, hacer un juguete, el diseño de las actividades adaptadas al grado de madurez de sus estudiantes; es algo que lo puede hacer únicamente el docente.

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Autoridad, Disciplina e Identidad

Entre los temas estudiados durante la maestría está el de autoridad pedagógica, presenté un paper sobre la crisis de autoridad, su diagnóstico e intervención. Tomé como principal referente a María Beatriz Greco con dos publicaciones de ella –Ficciones y Versiones sobre la Autoridad. Pensar la Educación en Tiempos de Transformación (2011); y, Emancipación, Educación y Autoridad. Prácticas de Formación y Transmisión Democrática (2012)-. A continuación comparto mi análisis partiendo de la experiencia del trabajo con adolescentes y el estudio de la disciplina escolar y la autoridad pedagógica.

 Tomé el concepto de autoridad como institución, pues considero que no se trata de hablar únicamente de la “autoridad docente” o de la “autoridad de la familia” como una cuestión de responsabilidad y de encontrar culpables e inocentes en las fallas de aprendizaje y desarrollo de los estudiantes, como bandos contrarios: uno inocente y otro culpable. Es mi intención alejarme del concepto de autoridad pedagógica, como uno de los tipos de autoridad existentes, y mantenerme con la palabra autoridad en relación a la supuesta asimetría existente entre adultos y adolescentes, autoridad como aquel lugar legitimado para disciplinar, coaccionar, corregir, sancionar; también autoridad como el lugar que ocupa quien representa a un colectivo como el cuerpo docente, a una institución como la escuela, o la familia.

Hablar sobre adolescentes porque muchas veces los docentes les huyen por lo complicada que es esa edad, por las transiciones y conflictos que pueden surgir; una de las caracterizaciones típicas de la adolescencia es la rebelión contra la autoridad – por ejemplo la imagen del rebelde sin causa, postura a la cual no me adhiero-; además mi intención es reflexionar sobre la autoridad desde mi experiencia, lo cual básicamente es el trabajo con adolescentes.

La autoridad requiere de dos partes para existir, un individuo que la ostenta, y otro individuo o grupo de individuos que otorgan y reconocen ese poder en el otro, en ese sentido vale citar a Narodowski, quien en su obra Dolor de Escuela indica que “la autoridad es en esencia un poder conferido retroactivamente por algún tipo de momento de fundación que resurge, aumentado, en el presente.” (Narodowski & Brailovsky, 2006) Esa fundación que inicia con la alianza familia – escuela, en la que los padres entregan a sus hijos a otros adultos que tienen autoridad en su ámbito o circunscripción que es la escuela. Me atrevo a decir que otro momento que origina autoridad es en las relaciones entre iguales, ya sean entre alumnos, entre docentes, o entre padres de familia, en que se reconoce un líder del grupo o se habilita a una persona para hablar en nombre de los demás, cosa que pasa a menudo en la dinámica escolar.

“La autoridad es movimiento, cambio, acción real o posible en el marco de una relación social e histórica, entre dos sujetos, por los menos: uno que provoca el cambio y otro que lo realiza, visible o tácitamente. El fenómeno de autoridad es así fundamentalmente social y no individual ni natural y entraña la posibilidad de que alguien actúe sobre otro y éste lo acepte asumiendo una transformación de sí mismo.” (Greco, 2012, pág. 33)

Estudiar cómo se transmite el sentido de autoridad a través del lazo pedagógico y a través de la relación paterno infantil permite identificar si ha sido asimilada existencia de la asimetría entre adultos y niños, al decir de María Beatriz Greco “Es el despliegue de lo que nace a partir de la autoridad lo que importa, de lo que comienza a acontecer a partir de la fundación y no un orden de imposición, dominación o sometimiento” (2012). La transmisión y construcción del sentido de autoridad es aquello que se configura en la subjetividad de la persona, inicia en la infancia, continúa en la adolescencia y se manifiesta en la edad adulta.

“La autoridad implica el trabajo artesanal de un tejido en palabras, dichas y escuchadas, en silencio y en forma de voces, de un mundo común que nos incluye a todos por igual y que otorga, política y subjetivamente, el espacio humano de la libertad.” (Greco, 2011, pág. 51)

A través del trabajo con adolescentes se puede dimensionar dos aspectos de la autoridad que van a ser de importancia al sensibilizar estudiantes. El primero es que la autoridad tiene edad, las asimetrías se reducen de acuerdo a la edad del adulto, del docente, del padre. A menor diferencia de edades, los estudiantes esperan una mayor flexibilidad en el lenguaje y las normas, así como una mayor complicidad con el adulto.

El segundo aspecto es la autoridad que emerge de los pares: el respeto, admiración, reconocimiento y la formación de liderazgos. El lazo social en la vida real y en la vida virtual es una prioridad para los adolescentes, quienes bajo sus reglas, límites, deseos y temores interactúan de una forma fuera de éste ámbito. Así delegan y legitiman a uno de sus pares, transfiriendo autoridad, la cual puede ser utilizada para bien o para mal como en otras esferas, el delegado de curso, el estudiante problema, el “abogado del diablo”, aquel que se la juega por todos y en todas las circunstancias, e incluso el hostigador cuando hay acoso escolar.

La tradición de la escuela como espacio homogeneizante, de métodos simultáneos, sistemáticos, arcaicos, que se encuentra en crisis hace que la escuela se encuentre en la búsqueda de sentido, donde se espera encontrar una nueva identidad escolar donde exista autoridad o como refiere Greco, “una autoridad pedagógica que acepte lo enigmático del enseñar y aprender, de lo que no puede enseñarse ni aprenderse, del trabajo de transmitir e inscribir, nombrar y reconocer, construir un común, proteger la vida y autorizar lo nuevo.” (2012, pág. 20)

La autoridad emancipante en la obra de Greco se refiere a lo que el adulto hace para asimilar las pérdidas, creando de estas oportunidades para reconectarse con la infancia para protegerlos, para sostener lo que emerge positivamente en los chicos y para olvidar el sentido autoritario y negativo de la autoridad. Es una autoridad que surge en un lugar de igualdad, por ello se vincula con la enseñanza; el emancipador cambia el sentido de autoridad, refunda una institución social al aceptar los enigmas del aprendizaje y la enseñanza; al estar consciente de que su labor tiene un currículo oculto y transversal que es tejer silenciosamente en la subjetividad de sus estudiantes y de sus hijos, la idea de autoridad. De ello, para Greco la respuesta a la crisis de autoridad en la “sociedad actual” no es la autoridad ignorante, sino la autoridad emancipante quien se hace responsable por sí misma y la innovación de su lugar.

“Hablar de autoridad es hablar de lo que hacemos para tomar la responsabilidad de sostener lo nuevo que crece en ellos y en nosotros, no para perpetuar lo que viene siendo, sino para soportar/aceptar las pérdidas y hacer de ellas una oportunidad de crecimiento, para proteger lo frágil y no destruirlo, para conectarnos con la infancia – la propia y la de otros- y no para olvidarla, alejarla, ignorarla o temerle.” (Greco, 2011, pág. 63)

Tomando en cuenta estas definiciones y aspectos de la autoridad, me remito al análisis de la crisis de autoridad, entonces considero necesario entablar una relación tripartita entre autoridad, disciplina e identidad, como una explicación a la crisis y a la vez como un punto a integrar al tratamiento colectivo para la misma.

La relación autoridad – disciplina no es nada nuevo, conocemos que quien se encuentra legitimado de origen para imponer, controlar, limitar la disciplina es aquella persona que ejerce un rol de autoridad pedagógica o familiar. Así, una concepción básica de la indisciplina es precisamente el irrespeto a la autoridad del docente, del padre, de la ley.

El eje autoridad – identidad que a su vez tiene dos dimensiones: la primera, una dimensión individual que es la relación de la autoridad con la construcción de la identidad adolescente, y la segunda, la dimensión colectiva, de identidad o identificatoria con la cultura, la sociedad, la escuela. Entre las características o funciones básicas de la adolescencia, tenemos la construcción de la identidad del sujeto, una etapa de duelos, de despedirse de la infancia para encontrarse con la adultez, de reconocerse fisiológicamente y psicológicamente, por lo tanto identidad en la adolescencia implica probar, ensayar, sentir experimentar antes de elegir lo que el mundo le ofrece al sujeto adolescente.

Cuestionarse la existencia de la autoridad no puede deslindarse del cuestionamiento a las normas morales, sociales y las leyes, como tampoco de la presencia o no de adultos en el entorno del adolescente. Erikson explica que “existe una continuada desconfianza hacia las personas que actúan autoritariamente sin una autoridad auténtica o rehúsan asumir la autoridad que les pertenece por derecho y por necesidad”. (Erikson, 1972)

“Efectivamente, una autoridad que no logre inscribir al otro en una historia, en un conjunto de leyes que van más allá de sí misma, en una comunidad humana más amplia, en el pensamiento como posibilidad y potencialidad, no alcanzará su propósito emancipatorio, permanecerá encerrada en sí misma sin autorizar y ensimismando al otro en un lugar dependiente, sin proyección, defendiéndose ante todo.” (Greco, 2012, pág. 100)

El conflicto autoridad – adolescente siempre ha existido y existirá, la exploración y determinación de la identidad del adolescente que generalmente se categoriza como indisciplina dentro de la institución escolar, requiere de una extremada sensibilidad y aguda percepción, pues poner límites y ser autoridad ante un adolescente sin convertirse en el ser autoritario de quien se desconfía no es fácil, además son los conflictos con esta autoridad autoritaria que crean resistencia y rechazo a la institución escolar, al profesor, incluso a las materias. La segunda dimensión de la relación autoridad – identidad, es precisamente como el adolescente se inscribe en una determinada cultura y como se hace partícipe de las relaciones sociales el adolescente a través del conocimiento y sometimiento a una autoridad, a unas reglas, a un poder que representa a todos a quienes lo preceden, a sus pares.

En lo que respecta a la relación disciplina – identidad, la disciplina tiene el fin de homogeneizar, controlar y vigilar a los estudiantes, la disciplina busca moldear al sujeto acorde a las normas morales y sociales, entrando en conflicto con los adolescentes que buscan su identidad fuera de estas normas, pero a la vez la disciplina construye esa identidad obediente, “normal”. Esta relación tripartita se caracteriza además porque son procesos subjetivos, más que corporales o físicos, son conceptos que se traman en el interior del sujeto. Autoridad, disciplina e identidad son transformaciones de la psiquis.

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Educación: ¿Derecho o Dispositivo de Control?

Ser una abogada que intenta adentrarse en el campo de la educación no es fácil, hay demasiada terminología extraña, resistencias de ambas partes, profundas ignorancias que se convierten en nuevos saberes y, definitivamente, algo que me inquieta desde que empecé en este ámbito es el término “normal” en referencia a la normatividad de la pedagogía; encontré que  hay varios conceptos tanto en el campo del derecho como en el campo de la pedagogía, que se relacionan entre sí: normar, deber ser, corregir, sancionar, castigar, bueno, malo, correcto, disciplina, control, etc.

La institucionalidad de la educación y la del  derecho son tan antiguas la una como la otra, al intentar visualizar las distintas tradiciones pedagógicas en un símil temporal con el derecho, a la vez que resolver el misterio de la normatividad y, su importancia llegué a un dilema: la educación ¿es un derecho o es un dispositivo de control?

¿Qué implicancia tiene el derecho a la educación? Establecer a la educación como un derecho implica pensar en las necesidades del sujeto y adecuar la pedagogía y el currículo a su dignidad de ser humano. Por el lado de la libertad, este derecho “humaniza” el proceso de aprendizaje, se piensa al docente y al estudiante como individuos dotados de derechos, intereses y necesidades; por el lado de las obligaciones, el Estado debe garantizar el derecho, así tiene que establecer las condiciones favorables al acceso de la educación, sin importar cuál es su proyecto político, ni con qué fin programará las políticas educativas; y, si el Estado no cuenta con los recursos necesarios para financiar la educación, el sector privado debe satisfacer la necesidad de educación de los individuos; ambos bajo el abanico de pedagogías que programen a los sujetos a cambio de que  ellos sirvan a sus intereses.

¿Cuál es la relevancia del derecho a la educación para la pedagogía? El último gran pedagogo, Paulo Freire, surge cuando la educación es reconocida como un derecho humano, la intervención del Estado en la pedagogía muta, los sistemas educativos se hacen más necesarios y complejos, ante sus falencias hay otro actor, el mercado, que se nutre de ellas. Esto sucede en la segunda mitad del siglo XX, cuatro siglos después de la aparición de la pedagogía como el método para formar “el hombre ideal”; el derecho a la educación obliga a la pedagogía a dialogar  con ideales de igualdad y justicia.

Aquello que no ha sido educado es “anormal”, la pedagogía dice y programa lo normal en el sujeto, descarta, castiga y “elimina” lo “anormal” en el mismo, se enseña un “deber ser” que contiene una asimetría entre estudiantes y adultos, entre ciudadanos y Estado, entre cliente y mercado; no importa la tradición pedagógica en contexto, siempre está al servicio de los intereses del Estado o del mercado, a fuerzas externas a la escuela y a la corporación docente, no es un dispositivo al alcance del individuo.

La normatividad pedagógica como dispositivo de control es tan fuerte que incluso en las escuelas que utilizan tablets y computadoras personales para el proceso de enseñanza y aprendizaje se mantiene el principio de la simultaneidad sistémica, es por ello que ya sea que se ejecute un programa estatal en la escuela pública, o el proyecto educativo de la escuela de gestión privada, sabemos que los estudiantes están “aprendiendo” los mismos contenidos, al mismo tiempo y, que después podrán ser evaluados bajo pruebas estandarizadas para contrastar no solo si existió un aprendizaje efectivo, sino para saber quién puede más, el Estado o el mercado educativo.

 No importa que pedagogía se utilice, si está en boga o no, mientras que se consuma lo que produce una determinada marca, mientras que tanto lo público como lo privado se enmarque en las tecnologías que el mercado ha diseñado.

Me pregunto qué sucederá cuando se cumpla la utopía, cuando todo aquello que exigimos hoy en torno al derecho a la educación sea efectivamente garantizado, supongamos que lo tenemos todo: acceso, infraestructura, calidad, equidad, permanencia, libertad de catedra, un sistema educativo heterogéneo en el que conviven distintas tradiciones pedagógicas,  todos van a la escuela, todos pasan de un nivel a otro, existe equidad y la calidad es superior a lo imaginable; aún en ese momento en que un derecho se encuentre totalmente satisfecho universalmente, el ser humano a través de la pedagogía será normado acorde al deber ser que ha impuesto el Estado o Mercado.

La educación antes de ser derecho fue un dispositivo ideológico para colonizar mentes, espíritus, cuerpos, por lo tanto no es nuevo que el campo pedagógico sea el campo de batalla de santos y demonios, siempre existe un bando a favor de la escuela con una determinada pedagogía bajo la manga; siempre existe un bando contrario a esa pedagogía y al sentido que el otro bando da a la escuela. Quién es el santo y quién es el demonio lo decide el sujeto educado o no educado, el individuo oprimido  o el individuo liberado, lo decide la historia. Entonces, ¿escandalizarse por el “control estatal” de la educación, ayer, hoy, siempre; o preocuparse por la vulneración del derecho a la educación, cuando no hay recursos, no hay clases, o varían los contenidos?¿Actualmente, la educación realmente está configurada como un derecho, o continúa siendo un dispositivo de control… estatal o de mercado? ¿Hasta qué punto se tolera el control del Estado o del Mercado sobre la educación?